Empezamos fuerte por la plaza que nunca decepciona: la Grand-Place de Bruselas. Es el punto de partida ideal, ¡sobre todo si tenéis mucho espacio en el teléfono y una buena memoria! Frente al Ayuntamiento se encuentra la Maison du Roi, hoy el museo de la ciudad de Bruselas. El famoso emblema de Bruselas, es decir, la estatua del "hombrecillo que mea", está a un tiro de piedra (o a chorro de orina) de la plaza.
A solo unos pasos se encuentra el mítico edificio de la Bourse. Completamente renovado, alberga la fascinante exposición Belgian Beer World, donde descubriréis todo sobre la apasionante historia de la cerveza belga. Para cerrar la visita con buen sabor de boca, nada mejor que un momento de relax en la sublime azotea The Beerlab.
¿Sorprendidos por tanta belleza? Pues espera, porque las Galerías Saint-Hubert también os deslumbrarán con su esplendor arquitectónico. No hay nada como pasar por aquí para comprar chocolate en estas galerías. Y de paso, echadle un vistazo a alguna de las magníficas exposiciones del Espace Vanderborght, al final de los comercios.
¿Tenéis hambre? Dirigíos al Wolf Food Market para disfrutar de un almuerzo ligero del que ya nos hablaréis. Si no encontráis lo que buscáis en este templo de la cocina mundial y la street food, existen muchas otras opciones culinarias en el barrio de Sainte-Catherine.
A dos pasos de la iglesia de Sainte-Catherine, los fashion addicts tocarán el séptimo cielo en la rue Antoine Dansaert y sus alrededores.